Los peñascales rocosos y una carretera media asfaltada se deslizaron a gran velocidad bajo el aparato. El radioaltímetro parecía loco, sonaba estridente, enervante. Los peñascales rocosos y una carretera media asfaltada se deslizaron a gran velocidad bajo el aparato.
ARTÍCULO FINALISTA EN EL PRIMER CONCURSO DE REDACCIÓN AERONÁUTICA EXTRACREW.COM

El primer aviso llegó sobre la vertical del VOR de Málaga. Los indicadores de anomalía eléctrica se encendieron a la vez y sonó el pitido estridente del chivato. La primera reacción fue coger los mandos y mirar el panel de instrumentos. La velocidad se mantenía constante, el nivel de combustible según lo previsto, el avión mantenía la estabilidad, la altura veintisiete mil pies y no se notaba ningún movimiento que indujera a pensar en una avería grave. En cualquier caso recurrí a las listas de emergencia e inicié un chequeo de todos los elementos electrónicos. La luces de alerta seguían parpadeando y el pitido comenzó a incordiar.

Volábamos por la aerovía U985 en un vuelo con inicio en Barcelona y final en Las Palmas. Unas dos horas tranquilas y sin problema alguno en las que Juan había aprovechado para contarme los problemas de su hijo en el parvulario: apasionante.

Decidí rasetear los fusibles que me indicaba la lista. Pensé que, quizás, el problema estuviera en alguno de los relés, pero no. La sinfonía de luz y sonido continúa como si tal cosa. Seguí chequeando y nada… sobre el papel todo funcionaba a la perfección. El vuelo estaba programado para dos horas y media y debía cubrir el trayecto Barcelona Las Palmas. Probablemente se trataba de una falsa alarma, una conexión defectuosa o en sistema de alarma. Todo funcionaba a la perfección excepto las luces rojas y la estridente nota del aviso.

Miré a Juan que, a mi derecha, enarcaba las cejas contemplando el cuadro de instrumentos sin decir una palabra.

– Creo que se trata del panel indicador. Porque no se ve nada más. Habrá saltado.

– Quizás -, dijo sin demasiado entusiasmo.

La mejor opción era seguir con lo que indica el manual de operaciones. Así nadie puede después reprocharte mucho… por lo menos en este aspecto. Así que le indiqué a Juan que íbamos a chequear el manual de sistemas del aparato. No se inmutó, cogió el libro de la caja e iniciamos la comprobación de los circuitos eléctricos. En medio del chequeo, el control de Sevilla se comunica para cambiarnos de frecuencia y pasarnos al control de Casablanca y dio la nueva frecuencia: 125.50. No lo vi claro, tenía una posibilidad: declarar emergencia y pedir una ruta para aterrizar en Sevilla. Me iba a poner en manos de los marroquíes y comencé a estrujar el cerebro recordando qué aeropuertos 24 horas tenían estos. Pero, ¿y si se trataba simplemente de una anomalía en los sistemas de aviso? ¿Cómo iba a justificar una decisión de ese calibre? Dile a una compañía que aterrizas un 727 porque te molestan las luces y la nota estridente del silbato. El próximo vuelo que te dan es el correo.

Sevilla se despidió de nosotros deseándonos un buen viaje y Juan cambió la frecuencia. Me miró esperando la orden de entrar en contacto. Me mosqueé un poco. Hice como que me concentraba un minuto en el manual y luego le indique que adelante. Apagué el silbato, estaba ya harto. Juan se sonrió.

Los de Casablanca debían tener un día tranquilo, porque antes que Juan se comunicara con ellos, llamaron.

– Air Spain 632, are you listening?

– Sorry, Air Spain 632 at flight level 270.

Bien, asunto resuelto, ya estábamos bajo su control. Terminamos con la revisión sin novedad. Definitivamente se trata de una falsa alarma.

En cualquier caso al cruzar la línea de la costa solicité una altitud de treinta y tres mil pies y cuando me autorizaron introduje en el computador el nuevo techo.

El día era de encargo: un sol radiante, suaves cirros aquí y allá, una visibilidad perfecta hasta el horizonte, y un mar azul salpicados por blancos de las crestas de las olas rompiendo en medio de la masa de agua. Tres barcos desperdigados, dos rumbo norte y uno rumbo sur. Y una calma suave envolviendo el cielo. Bajo el avión los altos y azules picos del Atlas, se deslizaban lentamente y a la izquierda la gran planic