Tan importante es una buena coordinación personal y técnica en el trabajo como no sentirse presionados por la acumulación de retrasos. Uno de los mayores desastres en la aviación se debió en parte a que los pilotos actuaron con prisa. La prisa es un factor de riesgo importantísimo a tener en cuenta durante la realización del trabajo, especialmente en un entorno tan hostil como es la aviación, con los intereses comerciales y las inversiones de las compañías, y la exigencia de puntualidad por parte de los pasajeros.

Al verse involucrado en una situación de retraso o precipitación, nuestro estrés mental aumenta, lo que provoca gran tensión y situaciones proclives a olvidos y decisiones equivocadas. Existe el caso de un experimentado piloto privado que tenía la costumbre de apresurarse a subir los flaps durante el aterrizaje para afirmar el avión en la pista. En una ocasión, aterrizando en una Bonanza, compulsivamente levantó la guarda de seguridad y actuó con un movimiento rápido sobre el or del tren. La hélice impactó en el pavimento y el avión chocó contra el suelo antes de poder evitarlo.

Los psicólogos denominan estos hechos como errores de comisión. En una ocasión, aterrizando en una Bonanza, compulsivamente levantó la guarda de seguridad y actuó con un movimiento rápido sobre el or del tren. Con la precipitación se tiende a omitir acciones o pasos. En caso de que esto ocurra intencionadamente, se favorece la aparición de descuidos. En este caso serían errores de omisión.

  • ¿POR QUÉ NOS PRECIPITAMOS?

Para disminuir la tendencia a la prisa, debemos identificar los motivos que nos llevan a ella. Sólo así será posible identificar y valorar el riesgo.

ALTA CARGA DE TRABAJO – Obviamente, a mayor carga de trabajo, fechas límite y responsabilidades, se producen más tensiones y prisas. El ritmo social actual y el propio sector de la aviación han incrementado la carga laboral. El sistema de hacer más con menos también influye de forma decisiva, ya que cada vez se eliminan más puestos en busca de una mayor rentabilidad por empleado.

LLEGAR TARDE – El principio más obvio de las prisas. La existencia de transportes fiables nos crea expectativas de estar al mismo tiempo en muchos sitios, y cualquier contratiempo o demora en la agenda provoca un estado de irreflexión y de prisa.

PREDISPOSICIÓN PSICOLÓGICA – Hay personas que tienden a hacer más y más cosas en el menor tiempo posible. Eso conduce a problemas a la hora de relajarse, de descansar la mente, y por eso tratan de hacer dos cosas a la vez (comer y trabajar, por ejemplo). Quienes responden a este perfil son especialmente susceptibles a sufrir las consecuencias de las prisas.

PRESIONES SOCIALES – Algunos puestos intermedios (supervisores, por ejemplo) observan que los empleados en puestos con mucha presión son más productivos y están más motivados, por lo que se refuerza ese sentimiento con alabanzas, premios y promociones, principalmente cuando las fechas y los horarios son fundamentales.

  • PRISAS EN VUELOS

Aunque no hay muchos estudios al respecto, lo cierto es que el resultado de los errores cometidos por pilotos puede ser realmente trágico.

Uno de los mayores desastres en la aviación se debió en parte a que los pilotos actuaron con prisa. En 1977 dos Boeing 747, de KLM uno y de PanAm el otro, se preparaban para despegar en Canarias. El comandante del primero estaba presionado por la necesidad de despegar a una hora determinada, para cumplir con las limitaciones de la tripulación. Las condiciones meteorológicas aumentaron su perocupación. En el CVR se esucha al comandante decir "démonos prisa o este aeropuerto se cerrará de nuevo".
Entretanto el avión de PanAm ya llevaba una hora de retraso, lo que creó preocupación a la tripulación ya que el tiempo empeoraba.

Durante el despegue, el KLM impactó sobre el costado del avión de la PanAm, que viraba para abandonar la pista. Las dos naves se incendiaron con el resultado de 583 fallecidos y 61 supervivientes.

Un estudio de 1993 a cargo de la NASA muestra que