IV Parte del reportaje en el que la Asociación Cultural para la Recuperación y el Estudio Histórico investiga la historia de un avión caza Messerchmitt, que se estrelló en 1940, y de su piloto, que acababa de incorporarse al regimiento de cazas del Ejército del Aire. El balancín una vez limpiado. FOTO: Pablo Ruiz El Buje de la hélice, el día de su extracción y tras su restauración. FOTO: Pablo Ruiz El indicador del tren de aterrizaje y el indicador de presión. FOTO: Pablo Ruiz La pata del tren de aterrizaje, antes y después de la restauración. FOTO: Pablo Ruiz PARTE IV: LOS TRABAJOS DE RESTAURACIÓN

Consulta aquí la https://www.extracrew.com/contenido.asp?id=610Parte I: El avión, https://www.extracrew.com/contenido.asp?id=618Parte II: El piloto y https://www.extracrew.com/contenido.asp?id=633Parte III: La recuperación

Cuando los restos llegan a manos de la Asociación, habían sido expuestos a la intemperie durante varias semanas, lo que provocó que muchos de ellos iniciaran el proceso de oxidación al estar en contacto con el aire, después de estar más de 60 años bajo tierra.

Se comprobó que, como consecuencia del impacto, el motor estaba seccionado en cinco partes, que comprendían una grande y pesada que albergaba cuatro cilindros, otra alargada que conservaba otros cinco cilindros y tres más de los que sólo restaban los pistones, adheridos a sus respectivos cilindros y a partes seccionadas, del cigüeñal.

La primera tarea consintió en clasificar los restos recuperados, tarea compleja ya que en muchas ocasiones los restos estaban recubiertos de una densa capa de barro solidificado que hacía prácticamente imposible su identificación. De hecho, algunos restos ya se encontraban en estado de mineralización avanzado y se rompían al ser sometidos a examen.

De trozos solidificados con aspecto de piedra, aparecían tras su limpieza, restos minúsculos, tornillería, partes de la batería, elementos eléctricos, etc.

Una vez clasificados los restos según su naturaleza, se procedió a etiquetar e inventariar su totalidad, para posteriormente iniciar la larga y ardua tarea de limpieza, que consistía en desprender la capa de barro y piedras solidificadas a los restos, con la suficiente pericia como para que los restos no sufrieran ningún deterioro o incluso se fracturasen por la debilidad que muchos de ellos presentaba.

Fue sorprendente descubrir cómo algunos de esos restos, que en su día permanecieron en contacto con líquidos lubricantes del motor, conservaban incluso el brillo del metal pulido, pareciendo piezas que podrían haber salido de la cadena de montaje o que tendrían muy poco uso. Algunas de esas piezas pudieron ser desmontadas y limpiadas con profundidad, lo que permitía en algunos casos que recuperaran su movimiento original.

La gran mayoría de las piezas sufrían de fuertes deformaciones, incluidas piezas de extrema resistencia como la estructura de anclaje de los planos con el fuselaje o el propio cigüeñal del motor que estaba fraccionado en tres trozos estando algunas de las bielas dobladas.

Durante la extracción de los restos se encontró gran cantidad de munición, procedentes de las ametralladoras, una pequeña parte de la cual pudo ser recuperada ya que la mayoría estaba sufriendo el ataque de la corrosión.

De la cabina del piloto no se recuperaron piezas intactas debido a la fuerza del impacto. Algunos elementos del sistema de accionamiento del tren de aterrizaje, llaves, cadenados de la transmisión de los compensadores, manetas de diferentes sistemas y partes internas de los instrumentos, tales como cápsulas aneroides o un mecanismo giroscópico.

En la actualidad continúan los trabajos de restauración ya que la cantidad de restos acumulada y susceptible de ser estudiada es numerosa.

FIN

La Asociación Cultural agradece la importante colaboración por parte de AENA en las tareas logísticas y de ubicación de dichos trabajos, colaboración sin la cual no habrían podido llevarse a cabo en las mismas condiciones de calidad y tiempo.