La aviación española está viviendo posiblemente uno de los momentos más delicados de su historia, con conflictos abiertos en las tres aerolíneas de referencia, Iberia, Air Europa y Spanair, y con otra aviación comercial emergente liderada por Vueling y la nueva Iberia Express, e incluso alguna low cost.
El hondo pesimismo que se ha instalado en los trabajadores de las aerolíneas «de toda la vida» es consecuencia de la ausencia de planes de futuro. La visión de inseguridad, de incertidumbre, que transmite empuja al pesimismo.
Las tripulaciones están viviendo una crisis de confianza. Unos optan por actuar mientras que los que perciben que no hay salida, primero se preocupan y después desconectan.
Las noticias negativas sustentan el temor del trabajador porque transmiten que no hay futuro, pone fin a la idea del progreso. Sin embargo desconectar de lo que está pasando implica desentenderse de la vida colectiva, algo que nadie debe permitir si quiere mantener su bienestar.
Por otra parte existe un desfase entre ese clima general negativo y la situación personal que vive cada uno, con una economía familiar normalmente saneada. Aunque el temor y el pesimismo en el círculo personal aumenta por la difícil situación que atraviesan familiares o amigos por el entorno económico adverso.
LA DEPRESIÓN APRENDIDA
El constante martilleo de malas noticias no “fabrican” exactamente depresión, pero sí síntomas que se le parecen mucho. Aprender que uno no puede evitar lo que le pasa lleva a no detectar las salidas.
Cuando un tripulante siente amenazado su puesto de trabajo al margende lo bien que lo haga, aprende que no depende de él, que no puede hacer nada, “hagamos lo que hagamos, si ha de ir mal, irá”. El entorno actual sólo enseña que no hay salida.
Para combatir este aprendizaje depresivo es muy interesante diseñar salidas, tener un plan B en mente, fantasear todo lo que se pueda con las posibilidades que aún hay. Este es el mejor antídoto contra la ausencia de futuro.




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09/12/2011