Casi diez años después, cada familia de las víctimas cobrará no menos de 2,3 millones

BARCELONA (EXTRACREW.COM)- La Audiencia de Barcelona dictó la semana pasada una sentencia por el accidente ocurrido el 1 de julio de 2002, cuando chocaron en pleno vuelo un Tupolev con un Boeing 757 sobre Überlingen, junto al lago Constanza, en Alemania. El accidente se cobró 71 muertos, la mayoría niños y jóvenes rusos que volaban a Barcelona desde Moscú.

La sentencia, en aplicación de la legislación estadounidense, obliga a las compañías fabricantes del sistema TCAS que incorporaban los aparatos a abonar entre tres y 11 millones de dólares (de 2,3 a 8,6 millones de euros) a cada una de las 30 familias afectadas que reclamaron en este proceso, lo que multiplica por al menos 15 la indemnización fijada por el juzgado de primera instancia, de algo menos de 200.000 dólares por fallecido. En total los fabricantes deberán pagar 66 millones de dólares, y las costas procesales de sus recursos.

Según la sentencia, el controlador aéreo que vigilaba ese sector fronterizo con Suiza, Peter Nielsen, apuñalado en su casa de Zúrich año y medio después por un hombre que perdió a sus dos hijos y a su esposa en el accidente, no fue responsable del accidente, sino el gigante estadounidense Honeywell y uno de los mayores fabricantes de equipos aeronáuticos ACSS.

La sentencia concluye que existe una “relación de causalidad exclusiva directa entre los defectos de diseño, fabricación e información del TCAS y el accidente de Überlingen”, y que “pocos reproches caben hacer a la tripulación” del Tupolev, que siguió las indicaciones del controlador en vez de las del TCAS. Además, asegura que “incluso el mal funcionamiento del centro de Control Aéreo de Zúrich, gestionado por Skyguide, no fue el causante final de la colisión”.

El texto de la sentencia es “muy severo”, dice el abogado de los demandantes Carlos Villacorta, que recuerda cómo Vasily Kaloyev, el hombre que mató al controlador aéreo y cuya representación declinó su despacho, BCV Abogados, fue recibido como un héroe en Osetia del Norte tras salir de prisión en noviembre de 2007.

El tribunal reprocha a las empresas que “durante cuatro años” antes del accidente, los fabricantes de TCAS conocían la gravedad de los problemas de diseño del software especificados en las cuestiones de seguridad detectadas y no hicieron nada”.

En concreto, Eurocontrol, el organismo europeo responsable de la seguridad y coordinación del tráfico aéreo, comenzó una investigación en enero de 2000 (dos años antes del accidente) en la que se puso de manifiesto que el TCAS no resolvía correctamente el conflicto cuando uno de los pilotos implicados en un suceso de pérdida de separación sigue las indicaciones del sistema y el otro no. Justo lo que ocurrió en el lago Constanza.  El suceso “se podría haber evitado” con una versión posterior del TCAS que ya tenía en cuenta ese escenario y no daba por hecho que los pilotos siempre iban a seguir las indicaciones del TCAS y no otras.

El hecho de que haya sido el tribunal catalán el que dicte sentencia por un caso ocurrido a ciudadanos rusos en Alemania se debe a que Barcelona era el destino de la mayoría de las víctimas y a que Honeywell y ACSS evitaron que el caso lo llevase un tribunal de Nueva Jersey (EEUU) utilizando una figura jurídica inexistente en el derecho español (forum non conveniens).

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