El autor relata el día a día de uno de sus vuelos ilustrado por sus propias fotos.


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Pretendo con estas líneas narrar uno de esos vuelos que para algunos podría entrar dentro de lo rutinario, pero que para mí entra y entrará siempre, como cada día que salgo a volar, en una nueva experiencia.

La Aviación te permite cambiar esas vistas cada día y nada es igual al momento pasado. Es una constante transformación del paisaje y de las variables del vuelo.
¿Es un vuelo más?
No, es una nueva oportunidad para volver a ver esas nubes y ese cielo tantas veces escondido a nuestros ojos.
Aunque es verdad que en muchas ocasiones surcamos esos cielos en lamentables condiciones, al final siempre está ahí, ese pequeño saludo secreto con ese paisaje de las alturas para volver a aterrizar en aquel aeropuerto en condiciones espectaculares o en condiciones que desearías olvidar.
Pero eso es la Aviación, volver allí una vez más y verlo como si fuera la última vez, por eso, hay que disfrutar de ese vuelo, no como si fuera otro más, sino como si fuera:
El vuelo.
Para narrar este vuelo realizado tengo que adentrarme en la problemática de las incidencias (intentaré no extenderme mucho pero hay que dar unas pequeñas explicaciones).
Y es que este mes de junio me encuentro de incidencias.
Ahí va un pequeño manual para iniciados en este mundo aeronáutico, aunque se exige un nivel más bien alto de psicotécnicos para poder entenderlo, a mí me cuesta comprenderlo de vez en cuando.
Eso significa -las incidencias- que no tengo la programación de todos los meses con sus pernoctas, vuelos y escalas. En la programación sólo se ven tres cosas:
X día libre inamovible (tenemos derecho a 4)
* día libre que la compañía puede mover previo aviso (tenemos 4)
IN día de incidencias
A continuación pongo un ejemplo con mi propia programación.

Es realmente un mes sin programación y a disposición de la compañía para realizar esos vuelos imprevistos o para cubrir esas bajas de personal.
Al ser una programación improvisada, tenemos que chequearnos en el teléfono cada noche y cada mañana menos los días libres.
Dentro de esos días programables, como son los días de incidencias, podemos tener:
– Vuelo asignado
– Imaginaria
– Sin actividad programada
La imaginaria es estar en la primera línea de los imprevistos. Existen varias opciones:
– Imaginaria en el hotel
– Imaginaria en casa
La imaginaria en el hotel consiste en acudir al hotel que ha elegido la compañía y que suele estar cerca del aeropuerto para estar disponible de forma inmediata.
Suelen haber dos turnos de imaginaria en el hotel:
– Primera Imaginaria (de 08:00 a 15:00)
– Segunda Imaginaria (de 15:00 a 21:00)
Aunque en los tres casos (hotel y en casa) nos podrían programar un vuelo a partir de las 00:45 hasta las 23:59, siempre que cumpliéramos con un descanso entre actividades. Esto es, podríamos salir a volar por la mañana para realizar un ida y vuelta y volver a salir por la noche, aunque no es muy habitual.
Y la imaginaria en casa tiene más margen para acudir a un vuelo, aunque suele ser el reemplazo de la imaginaria del hotel.
Imaginaria, incidencias, todo un vocabulario que tenemos que volver a refrescar durante 30 días seguidos durante ese mes de cada año.
Hay que estar preparado para volar, hay que olvidarse de planes, salvo esos días libres inamovibles claro.
Hay que hacer maletas para vuelos improbables a destinos desconocidos.
Y es aquí donde empieza mi pequeña historia.
¿Dónde comenzarla?
Como todo vuelo tiene una fase previa, empezaré por ese martes 9 de junio por la noche.
Era la hora en la que se abría el chequeo, es decir, eran las 20:00 LT.
Llamamos a un sistema automático adoptado por muchas compañías aéreas y que en este caso se llama Incivox.
Vas poniendo tus claves con el teclado del teléfono hasta que llegas al momento final, ese en el que te dicen lo que tienes programado




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04/08/2009