Y a los ciudadanos que han perdido esos vuelos también se les tendría que indemnizar: el que no pudo ir al entierro de un ser querido, el que perdió un negocio, el que no pudo asistir a un exámen importante, el que se quedó sin vacaciones, etc, etc. Siempre se habla de las compañías aéreas y nunca del ciudadano.
Amparadas en que dan un servicio público, de una u otra forma cobran subvenciones públicas, pues valgan estas subvenciones para paliar las pérdidas cuando no son imputables a la propia compañía. Luego tenemos al pequeño agricultor, que el pedrisco le arruina la cosecha, y aún teniendo seguro, ese año las pasa canutas, porque nadie le va a dar un sólo euro. Menos mal que somos socialistas…