Me gustaría recordar a raíz de esta noticia a un buen amigo Ernest Ribé, parapléjico por culpa de un accidente de ala delta, que llevó a cabo una tenaz y larga lucha contra la Administración española por conseguir que los parapléjicos en España -como en todo el mundo civilizado-dejara de negárseles la posibilidad de volar aviones adaptados. El siempre decía «no nos va a parecer maravilloso volar, si hemos perdido el don de andar…»
Él al fin consiguó ser el primer piloto de avión parapléjico de España, y con su avión y su silla de ruedas a cuestas -y otras tantas diseminadas por los campos de vuelo más insospechados- recorrió gran parte de Europa, e incluso cruzó varias veces en su frágil «tubo y tela» el Canal de la Mancha.
Nos dejó a los cincuenta y pocos, víctima de una enfermedad contra la que todo su tesón y fuerza de vivir no pudo nada.
Bons vols, Ernest !