Lo primero que hay que hacer es mantener la «armonía» en la cabina. Aguantar el chaparrón, tragar sapos y culebras y seguir siendo cortes y disciplinado. Si esa aptitud se repite en el tiempo va a terminar convirtiéndose en una operación que tarde o temprano va a crear un problema en pleno vuelo, situación esta en la que la Seguridad en Vuelo se va a ver comprometida. Es en este punto en la que se convierte en tu obligación, reportar cualquier aspecto de la operación que pueda afectar a la seguridad de la misma, sea esta de cualquier índole. En este caso, el pobre ejercicio de las atribuciones de un comandante autoritario con un débil liderazgo listo para ser llevado a los talleres del CRM.
Recuerda que todas las compañías (mínimamente serias) ofrecen hoy en día no solo a los pilotos, sino a cualquier trabajador directamente involucrado con el área de Operaciones la posibilidad de hacer reportes, de forma anónima si así lo desean.
Afortunadamente, en mi opinión, lo que cuentas es más bien un escenario de los años 70. Creo que es un caso muy puntual, afortunadamente. Pero la única forma de mitigarlo, aunque no sea cómoda, es reportarlo. Y por escrito, las palabras se las lleva el viento.