Relato semifinalista del Primer Concurso de Relatos Aeronáuticos de Extracrew.com

contenido.asp?id=982Concurso de Relatos Aeronáuticos

El siguiente relato no trata de ser ni más ni menos que un reflejo de lo que fue mi paso por el 43 grupo de Fuerzas Aéreas donde he pasado los últimos siete años de mi vida. A través del mismo intentaré trasmitiros todas las emociones que he experimentado y vivido a lo largo de estos años.

Para empezar diré que mi llegada al grupo fue con 22 años y tras sacarme los títulos de aviación, es decir tras volar las avionetas de escuela. Como es comprensible, las ganas y las ilusiones eran mis mayores aliadas.

Mi primer recuerdo es el de descubrir las dimensiones nada despreciables del botijo (nombre coloquial y cariñoso del CL-215 T) y lo mucho que pesa el avión al volarlo. Mi primer vuelo consistió en un vuelo de acomodación al avión y tomas y despegues en Torrejón (base de los botijos españoles, a excepción de los de Matacán), fue increíble la sensación de estar volando algo que no fuera una avioneta, pero sí que era real, muy real, y esto sólo era el comienzo.

Una vez completada esta primera fase, los siguientes vuelos ya fueron instrucciones en el pantano y es donde realmente llegas a descubrir la grandeza de este avión. La primera vez que ves como el avión es capaz de amerizar en el agua la sensación es de incredulidad, no dando crédito a lo que tus inexpertos ojos están viendo, no te salen las palabras al hacerte mil preguntas a la vez sobre cómo todo esto está ocurriendo. La sensación de ver cómo el botijo se desliza sobre la superficie del pantano es inenarrable, la suavidad con que se desliza como si de un patinador se tratara recorriendo toda la superficie de agua te lleva a pensar lo afortunado que eres al ser protagonista de ese momento, hasta que el piloto tras aplicar máxima potencia lleva el avión otra vez a su medio, al aire desde el que descendió para robarle al embalse unos miles de litros de su preciada agua. Así una y otra vez en un sinfín de tráficos sobre el pantano.

Poco a poco las misiones de instrucción se van realizando donde progresivamente vas perdiendo ese miedo natural a tomar sobre el agua. Conforme las misiones se realizan, un baile de emociones se va repitiendo y te das cuenta que ya no pareces tan torpe como al principio, donde no das pie con bola. La dificultad de los vuelos va aumentando progresivamente conforme lo hace tu propia habilidad pero cuando creías que ya lo habías visto casi todo, llega el día donde la clase del día es parar el avión en el pantano.

La maniobra a priori parece sencilla dado que ya estás hecho a tratar al agua de tú a tú y así es, como previamente se acuerda en el briefing de antes de entrar al agua, en el que se comenta que la próxima toma será parando en el agua. Y una vez que te posas en el agua y aplicando reversa en los motores te das cuenta de cómo los casi 5.000 caballos de potencia llevan a detener completamente el mismo. Creedme que esta primera parada en el agua es algo mágico y ahí estás tú con tu tripulación en medio del agua flotando como si de un barco se tratara y dejándote mecer por las olas que tú mismo has creado. La sensación de plenitud y de querer capturar ese momento para el recuerdo es intensa, consciente de la enorme fortuna de poder vivir eso sabiendo que en ese mismo momento la vida sigue fuera de ese pantano. Pero ese sueño dura poco porque la misión debe continuar y tras preparar de nuevo la cabina para el despegue nos disponemos a despegar desde el agua. Por cierto, esta maniobra requiere de bastante práctica dado el par motor del avión y hay que aplicar potencia diferencial hasta prácticamente levantar el avión del agua. Así se va completando el plan de instrucción perfeccionando las maniobras y practicando algunos procedimientos de emergencia.

Una vez que alcanzas el nivel necesario para ejercer de copiloto entras en la rueda de alarmas donde se está de alerta desde el orto al ocaso en caso de que surja algún incendio. Por supuesto que el primer incendio nunca se olvida, en mi caso fue en un campo de maniobras del Ejército de Tierra en Hoyo de Manzanares porque se les escapó algún tipo de munición. Los nervios y la emoción vividos ese día permanecerán para siempre en mi memoria. La vida y los vuelos continúan con constantes instrucciones y volando misiones reales de vez en cuando, hay que tener en cuenta que en invierno las probabilidades de incendio son más bien escasas.

Pero todo cambia cuando llega el verano cuando las condiciones meteorológicas se alinean con los descuidos de los imprudentes y con la mala fe de los pirómanos. Tan sólo recordar que los días de mayor probabilidad de incendio son los días más calurosos, con fuertes vientos y escasa humedad ambiental. Los agentes forestales extreman la vigilancia cuando en un día coinciden los tres 30, es decir, 30 grados o más de temperatura, más de 30 km/h de intensidad del viento y menos del 30 por ciento de humedad. Cuando se dan estas tres circunstancias todo apunta a que ese día va a ver vuelo de extinción. Y realmente así ocurre y estando de servicio en uno de esos días es muy probable que recibas la llamada para ir a volar. Reseñar que dicha llamada de incendio no era raro que se produzca en medio de la comida o por que no durante la correspondiente cabezada de después de comer.

Al recibir una orden de salida a incendio toda la tripulación se pone en marcha, en perfecta coordinación donde cada uno sabe qué hacer sin perder tiempo. Decir que el tiempo de respuesta hasta despegar es inferior a 30 minutos. Una vez en el aire y volando a baja cota, la misión de incendio se podría resumir en elegir un punto de carga de agua, sea pantano, mar o puerto y posteriormente con la carga de agua proceder hasta el incendio y descargar el agua en coordinación con otros medios aéreos y con el personal de tierra. Y así una y otra vez hasta el bingo de combustible o la extinción del incendio. No era raro hacer dos periodos de vuelo de entre tres y cuatro horas cada uno, contabilizando como media 20 o 30 cargas de agua por periodo si no más. Lo mejor de la misión siempre era cuando al final del día se aterrizaba en base con la satisfacción del deber cumplido y sabiendo que habías aportado tu pequeña ayuda para la conservación del medio ambiente.

Por supuesto, y como todo no podía ser de color de rosa decir que este tipo de misión tiene también sus inconvenientes, entre otros: condiciones de vuelo, digamos no las más favorables como altas temperaturas, fuerte viento, unido a turbulencias, vuelos a muy baja cota con presencia de aves, cables eléctricos entre otros. A esto unir que el verano es el periodo de máxima actividad con lo que las vacaciones de verano se cambian por vacaciones de invierno. Pero todo esto se suple con la convicción de estar desarrollando una bonita misión y contar con unos buenos compañeros.

También decir que pocos pilotos han tenido la enorme suerte y fortuna de haber volado un avión anfibio y de haber tomado en el agua. Siempre guardaré al 43 grupo y a los botijos en un rinconcito de mi corazón y siempre que vea a uno de ellos operando en un pantano, la nostalgia y melancolía se apoderarán de mí sabiendo que un día yo estuve en uno de ellos como siempre, cumpliendo la misión.

contenido.asp?id=982Concurso de Relatos Aeronáuticos