CANTABRIA
Ryanair deja en tierra a 200 pasajeros del vuelo entre
Alicante y Santander
18.06.10 – M. CORES | SANTANDER.
«Como a borregos». Así dijo Guillermo Gómez que le trataron a él y a sus cerca de 200 compañeros la
compañía de bajo coste Ryanair tras dejarles en tierra el vuelo Alicante-Santander de las 20.20 horas del
pasado martes, día 15.
Las cosas «empezaron a ir mal desde el principio», explicó este vecino de Revilla de Camargo. La hora de
embarque estaba prevista para las 19.55 horas, pero en la pantalla del aeropuerto de Castellón «no
aparecía la puerta de embarque asignada para nuestro vuelo». Pasadas las ocho de la tarde «nos
comunicaron que había un retraso de una hora y así estuvimos hasta las 23.30 horas, con anuncios de
nuevos retrasos cada 60 minutos aproximadamente, con sus correspondientes cambios de puertas de
embarque».
Poco antes «ya sabía que no íbamos a dormir en casa. Entre el pasaje había un grupo de chicos jóvenes
cuyos padres estaban en el aeropuerto de Parayas esperándoles. A las once de la noche les dijeron en
Santander que el vuelo se había cancelado».
Ante la sorpresa de buena parte del pasaje, a las once y media de la noche «el vuelo desapareció de la
pantalla informativa y por megafonía nos citaron en el mostrador de Ryanair», indicó Gómez.
A partir de entonces «todo fue de mal en peor», aseguró. «El trato fue demoledor. Cuando preguntamos
por la cena y un hotel donde dormir, las personas de la compañía que nos atendieron nos dijeron que la
empresa no se hacía cargo de ninguna de las dos cosas».
Los afectados decidieron pasar la noche en el aeropuerto, «a la espera de que nos pusieran otro avión,
que salió a las 10 de la mañana».
Mientras esperaban al embarque, ante el mostrador de Ryanair, «una señora, con toda la razón, comenzó
a protestar por el trato que nos estaban dando, preocupada por que había niños pequeños, señores
mayores y una persona con deficiencia física y psíquica en una silla de ruedas. Una empleada de la
compañía aérea, ni corta ni perezosa, la interrumpió para preguntarle ‘¿y usted, cuánto ha pagado por su
billete?’, como si por el precio tuviesen derecho a tratarnos mal».
Gutiérrez no pudo contenerse «y en voz alta le pedí que no contestara ante tanta mala educación y que
gracias a personas como nosotros y a la subvención del Gobierno de Cantabria, ella tenía trabajo. Ni
siquiera le quisieron dar un justificante a mi mujer que no pudo llegar a tiempo al juzgado el miércoles».