Supongo que el 29 los del carné no me dejaran ejercer mi derecho a trabajar para justificar su manutención, pero aquí un enlace a un artículo por otros conocidos de Oscar Molina y sus reflexiones sobre sindicatos del puchero y políticos de la «chequera».
Y quiero un ático por la «face» como los de estos dirigentes ya que las hipotecas que pagamos los «asqueroles» nos cuestan un riñón por tener que pagar «full pasta» y sin subvenciones populistas.
Áticos para líderes sindicales agotados de tanta paella
Buenos vuelos.
Simplemente perfecto.
Me han encantado dos cosas. La traca final para los de la ceja, demoledora, y la foto de ZP con los de las autonomias (que incluye también al rey y al principe, no se si por casualidad).
El 29 nos toca aguantar una huelga que no se creen ni los propios sindicatos que la montan.
Manda güevos
“Asquerol”?
Esquirol dice el diccionario de la RAE. que es despectivamente dicho de un trabajador que no se adhiere a la huelga.
Si miramos nuestra Constitución podemos leer en su artículo 35 que todos los españoles tenemos el DEBER de trabajar y el DERECHO al trabajo, pero también el artículo 28 nos garantiza el derecho a sindicarnos.
… al fin y al cabo palabras escritas por nuestros representantes para conseguir un marco legal de convivencia aunque unas veces se consigue y otras no.
Porque en el art. 16 se GARANTIZA la LIBERTAD IDEOLOGICA y en el art. 17 redunda en el derecho a la libertad y seguridad.
Así que CONSTITUCIONALMENTE me parece que aquel que quiera secundar la huelga lo puede hacer y aquel que quiera trabajar también.
Luego … ¡ya veremos!
Cuando se convoca una huelga general el sindicalismo sabe a lo que se expone si no paraliza el país, y el gobierno lo único que puede y debe hacer es garantizar los derechos del ciudadano. Aunque sea pactando unos «servicios mínimos» que parecen, para algunos, escasos.
Desde luego la «postura más cómoda» es, en nuestro caso, atenernos a los «servicios mínimos» es decir «al que le toca le toca» y no dar nuestra opinión públicamente.
!Del resto podríamos hablar largo y tendido!.
Porque ¿tenemos alguna postura como colectivo?
¿son los sindicatos convocantes representativos de nuestro colectivo profesional?
Me temo que tenemos opiniones personales variadas y todas respetables.
Felicitar a Oscar por sus opiniones y a ti Javier por traerlas hasta este foro de OPINIÓN.
salu2
Nuestra deleznable clase política
Luis María Ansón. Canela fina.
El Mundo, 21 de septiembre de 2010
En España hay numerosos políticos serios, responsables, bien preparados, generosos en el servicio al bien común. Pero en líneas generales la clase política española es mediocre y deleznable. Las grandes inteligencias nacionales están en los bufetes de abogados, en los estudios de arquitectura, en la dirección de los periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales, en la Iglesia y las Fuerzas Armadas, en la cátedra universitaria, en la investigación y en la ciencia, en la empresa privada, en las profesiones liberales, en la banca y las entidades financieras… A la clase política, salvo excepciones, se dedican las segundas y terceras filas de la vida nacional, gentes sin preparación, sin sentido de la responsabilidad, sin capacidad oratoria, sin otra cualidad que la cara dura.
En Inglaterra, en Estados Unidos, en Francia, las familias incorporan a la vida política a algunos de sus más cualificados individuos. En España, no. En España se dedican a la política, demasiadas veces, los que no saben nada. Y, claro, se produce casi inevitablemente la corrupción de la mediocridad. He dicho en alguna ocasión que los políticos sin oficio ni beneficio, que no tienen donde caerse vivos cuando finalice la mamandurria pública, ceden a la tentación corrupta, si bien no todos, claro, ni siquiera los más. El pueblo español asiste atónito al saqueo de los caudales públicos en beneficio de los bolsillos particulares.
Y ahí están las nuevas cifras asustantes. Las tres Administraciones deben ya 600.000 millones de euros, es decir, casi el 60% de nuestro Producto Interior Bruto. Estamos a tres puntos del límite establecido para la deuda por la Unión Europea. Multiplicamos por cuatro el déficit y hemos alcanzado la frontera de la deuda.
Para que el lector de EL MUNDO tenga una idea más clara de la situación, basta con decir que cada español debe 13.000 euros. Un matrimonio con tres hijos pequeños, por ejemplo, adeuda 65.000 euros. Un auténtico Himalaya. Y ¿a quién tenemos que agradecer semejante situación? A nuestra deleznable clase política que dispara con pólvora del rey y gasta y gasta sin cesar. En 1977 había en España 600.000 funcionarios. Hoy sobrepasamos los 3 millones. Los partidos políticos casi sin excepción han colocado, a cargo de los impuestos con los que sangran al ciudadano, a sus parientes, amigos y simpatizantes. Y, además, se ha inventado centenares de empresas públicas casi todas deficitarias para prorrogar los alardes de nepotismo.
Hay ciudades como Madrid en que una buena parte de los edificios de envergadura están ocupados por las tres Administraciones que gastan sin tino en suntuosidad y derroche. Los políticos mediocres y zangolotinos se recrean y regocijan en el despilfarro, en los viajes gratis total, en las comilonas incesantes, en las suculentas dietas, en los despachos redecorados, en los automóviles de 500.000 euros, en las manadas de chóferes, escoltas, asistentes, secretarias y servidores de varia condición. No existen límites. Paga el contribuyente. Una ministra que hacía senderismo en la sierra madrileña fue picada por una avispa. Cogió su móvil y ordenó que viniera a buscarla un helicóptero para trasla-darla al hospital. Sirva esta historia como botón de muestra del incesante escándalo en que se ha convertido la clase política española.
Y, claro, las encuestas no sólo sitúan a nuestros políticos en lugar destacado del desprecio popular sino que, incluso, los ciudadanos han instalado a la clase política en el tercer puesto en cuanto a la preocupación popular, tras la crisis y la inmigración y, por encima, incluso, del terrorismo y la seguridad. Conviene recordar que la atrocidad del fascismo y el nazismo triunfó el siglo pasado por el descrédito de los partidos políticos. Y que el avance de la extrema derecha en toda Europa pone los pelos de punta.
La deleznable clase política que padecemos, se ha juergueado, en fin, nuestro dinero y ahora resulta que además del pertinaz acoso fiscal al que estamos sometidos, cada español debe más de 2.000.000 de las antiguas pesetas.
Exagerado, pero no le falta razón.
Saludos a todos
TCAS 2
Que nadie dude que muchos de los que cargan ahora que el viento sopla a favor, lo harán en cuanto la palabra «sindicato» vuelva a salir a escena, y se presente un conflicto. Dará igual si se pagan sus cuotas, o si ceden el 50 % a Hacienda.
A no ser que seas minero o una profesión de las más humildes.
El boomerang tiene esos efectos tan raros.