crmNuestro piloto e instructor de A320 Javier Rosario explica su experiencia como alumno de una clase de CRM en este artículo, publicado en su weblog «Vectores de realidad de esta Aviación planetaria»

El viernes tuve una clase de CRM (Cockpit Resources Management) como alumno. Consiste en fomentar la coordinación en cabina y que el equipo saque provecho de ello redundando en una mejora en la operación de vuelo.

Como he comentado en alguna clase, a nosotros, los pilotos europeos, nos suena a chino.

¿Que un comandante pasa absolutamente de su segundo? ¿Que ni le habla? ¿Que lo maltrata? ¿Ausencia de coordinación?

Efectivamente, en un sector cada vez menos influenciado por las marcas autoritarias de antaño es extraño concebir que puedan existir tripulaciones tan desequilibradas.

Pero en lugares más lejanos está a la orden del día.

Tenemos que tener en cuenta que hay tripulaciones asiáticas, árabes, de distintas religiones y culturas, y entonces, si empezamos a juntarlas, nos podemos llevar una buena sorpresa.

La verdad es que tampoco hay que irse muy lejos, en esta Europa y en este mundo aeronáutico donde nos venden de forma fácil el que todos somos iguales, es una burda falacia.

Los españoles somos diferentes a los holandeses, a los noruegos, a los ingleses… E incluso dentro del mismo país.

Cuando estaba de coordinador de base en aquella época en la que además me subía a un helicóptero para traducirle a aquel piloto rumano lo que tenía que hacer, tengo que reconocer que no es como si lo hiciera con un español.

También he llegado a volar con un comandante inglés en aquellas operaciones de «apagafuegos» con el Catalina.

La operación era segura, sí, pero la enmarcaría dentro de una situación «cargante» que aumentaba el cansancio mental (y eso que uno le da al inglés).

También he volado con comandantes brasileños y portugueses en Futura. Reconozco que cuando uno trabaja en su país, es como jugar en casa y los foráneos intentan parecer totalmente españoles… pero a veces no se consigue, aunque sí que mejora el ambiente si te hablan en español a si tienes que entrar en territorio enemigo con aquel inglés (quien sabe chistes en inglés, chismes… y seguro que ese repertorio se te acaba después del primer salto).

Así que las clases de CRM, que son cada dos años, son obligatorias y forman parte del plan de Formación de un piloto de línea aérea.

Llegas y te encuentras unas mesas puestas en U para que todo el mundo se vea y hable un poco de sí mismos.

En Iberia nos conocemos, aunque muy poco.

Nos juntan a segundos y a comandantes del «Tres Cua» y del 320, y cada uno con su mundo interior.

La labor del instructor en este tipo de clases es tremenda, porque consiste en hacer hablar a sus alumnos, sacarles de ese rol pasivo del que no salen muchos en los briefings de los simuladores.

El instructor era nuevo en esto del CRM, le di el curso de Habilitación de Tipo hace unos años cuando vino de la extinta flota del MD.

Ahora se ha animado en esta difícil materia.

Difícil por lo siguiente.

Porque al pasar esa fase previa, se termina hablando de la poca confianza en la Dirección de Operaciones, en que se ha castigado utilizando un CVR (grabadora) de forma punitiva, y que si éste o aquél…

Al final, unos justifican su apatía con el que no confían en éste o aquél como un paño que sirve para todo.

«No damos parte porque no nos hacen caso, porque no me contestan, porque no nos da confianza…»

La confianza…

La confianza…

Vale, pero no podemos escudarnos en cualquier resquicio porque siempre habrá alguna justificación para no dar parte de ello.

Y el instructor puede caer en ese tira y afloja sin fin.

La manera de salir de esa emboscada es con: «¿Crees que una compañía es más segura con tripulaciones que dan partes o que no los dan?».

Porque siempre (son los mismos) los que se quejan de forma tremenda y en muchos casos no se han quejado de nada, de absolutamente nada.

Cierto es que otros se quejan con razón, pero han escrito partes y no les han hecho caso.

Y la clase se la «meriendan».

El instructor ha descubierto la novatada y ha hecho bien en diferenciar un acto de formación con un acto de representación de la Dirección de Operaciones.

Tuve que echar un «capote» al instructor porque uno está algo cansado de esos que justifican con todo un «me quejo pero no escribo» y no protestan ni por aquel cátering (ya mucho mejor) ni por aquel hotel.

La clase siguió con una charla de una psicóloga sobre los usos que le podríamos dar a diferentes instrumentos de cabina.

Y sobre la gestión del llamado estrés.

Es un punto básico, el estrés.

Nos puede afectar a nuestra operación diaria, por supuesto.

En el día a día lo vemos en esas frecuencias saturadas de Madrid-Barajas con aquel caos del ATC.

Entrabas en la frecuencia y te daban demoras (hace unas semanas) sin sentido.

Eso sí que estresa.

Todo el mundo se vuelve agresivo y entra en una dinámica sin sentido.

Hace unas semanas hice lo contrario.

Dije que ya estaba bien de subirte al avión y empezar a cargarte de estrés con este ATC de Madrid.

Llamé para que me mandaran un «Ready» puesto que teníamos un slot para dentro de una hora y con pasaje embarcado y… punto.

La controladora de turno nos llamó para que le siguiéramos el juego.

«Iberia XXX no se si habrá hablado con su compañía, porque no ha habido ninguna mejora y tampoco nos ha vuelto a llamar”.

Le contesté con tranquilidad.

«Hemos coordinado con la compañía y, como usted nos dijo, estamos a la espera y cuando se pueda se podrá poner en marcha”.

Y punto.

Se quedó sin esa presión que ejerce de juego de fuerzas entre los que estamos en la cabina de vuelo y el ATC.

Además los «readys» nunca progresan.

Y tranquilidad.

Imagínate si además tienes que gestionar un problema durante el despegue o en la fase de ascenso.

Tendrían que poner una voz de tranquilidad y medio zen para poder volar con tranquilidad.

Y no hablemos de esas situaciones desagradables con la propia compañía, de hecho juegan también con ese agotamiento a su favor, aunque del agotamiento bien podríamos decir que pasamos al «pasotismo» y que nos quemen vivos, pero que apaguen la luz y nos cocinen rápido… zzz… total, ya saben con antelación lo que van a hacer… zzz.

Volvamos a nuestra clase.

Siguió una clase de Mercancías Peligrosas bastante monóloga y con ganas de que acabara.

Hay que hacer algo porque es mucha legislación y sabemos que son temas áridos, pero hay que entretenerlo con algo… o te quedarás sin alumnos.

Lo peor es ese examen a bocajarro al final de la clase con la mente sin pilas.

Un curso cada dos años, pero zzz… que me pongan esos papeles con aquel NOTOC (formulario para la tripulación) de Zúrich otra vez con aquel slot… (menudo infierno con aquella escala que lo había escondido todo).